sábado, 1 de mayo de 2010

.- Cuerpo Corrupto-.


A un año de soledad me he condenado y a una sombra me he atado. Busque de ti y busque lo que perdí, pero una silueta me persigue y mis ojos me reclaman por la terrible verdad de lo que hice.

Comprendo que vendí el corazón de un humano, para obtener la lobreguez... y el descanso.
Asiduos recuerdos me persiguen en lo eterno buscando por cada rincón los pedazos de mi cuerpo.

Una alma sentenciada a las sombras, es ocultada tras las oscuras torres de los lejanos valles, donde el sol no puede ser contemplado ni llamado.

La luna palpita en mis venas secas, la sangre ya no se encuentra en ellas...

Frente a mi vista destella la repugnancia y el dolor, aquel personaje frente a mi espejo ya no era yo.

Poco a poco las cadenas de la oscuridad me fueron amarrando, primero vi su penumbra, pero luego me amarró bajo sus sombras.

No puedo soportarlo, ni un instante más...


Se que me persiguen los que buscan una salida. Los escucho venir por los inmensos valles, pasando a través de las luciérnagas que iluminan la noche.

Vienen con espadas y ballestas dispuestos a arrancar el corazón de este podrido rostro. Los llamo desde lejos, pero los persigo hasta el cansancio. Son mi pasado, el reflejo de lo olvidado.

Froto mi desgastada frente, en el más oscuro cuarto de mi torre, el hombre que había sido parte de mi desvanecía tras aquel nocivo rostro. En mis sábanas blancas contemplo la luz de la luna y mi corazón palpita tras su sombra.

Tan dentro de mí, pero tan lejos de de lo normal, es mi sombra y es mi peor agonía. Pero aquí estoy en el lecho de mi muerte, esperando a que un rastro de luz ilumine mis noches, y silbándole a la luna que pronto me lleve tras su lluvia.

Soy la única imagen que se limita al dolor y a la soledad, que clama la salvación del alma que ha perdido y que en pantanos vaga como espectro vendido. Sufro por mi único pecado y no hay palabras para remendarlo.

Soy lo que en un pasada perseguí. Pero mi endeble mente me soborno y al poder clame, hasta obtener este macabro corazón.

Ahora los oigo reír en los comedores, entre los pasillos de mi torre, bestias como yo. Acoplado estoy a su vivir... Soy su amo y señor, y el que los llama desde el infierno...

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